la ética del maestro

 



Por: Alfredo Ramírez Peguero

En la actualidad, la educación en la República Dominicana presenta múltiples desafíos, originada esta problemática a la falta de valores. Para resolver esta situación, se hace necesario fomentar la enseñanza de la moral y cívica en los centros educativos, y por igual en los recintos universitarios. A partir de una regia formación del docente, que es el eje principal para impulsarla.

Ser maestro significa, asumir un compromiso tanto ético como moral con la sociedad; Es decir, un compromiso inherente con la labor que desempeña. En tal sentido, en este ensayo se abordarán las razones por las cuales la ética debe ser parte integral en la formación del profesional docente.

La educación dominicana tan valorada en estos tiempos atraviesa por una crisis profunda de valores, impulsada por la desintegración social, la cual afecta a la escuela. Estos males sociales producen trastornos psicológicos que afectan la salud mental y el medio ambiente donde se encuentra la comunidad educativa.

La ética docente se fundamenta en principios básicos, que no solo se sustentan en la existencia de una titulación universitaria, esta va acompañada de una buena preparación para la solución de conflictos, actitud y dominio frente a las adversidades que se presenten. Es por ello, que el maestro debe aprender a tener dominio de lo que enseña, y el de saber enfrentar las cuestiones más acuciantes de la realidad educacional.

La ética docente se muestra, proyecta y manifiesta de diferentes maneras, sea en la sociedad, la escuela, el estudiantado, los compañeros de trabajo y consigo mismo; El profesional de la educación debe tener ciertas condiciones éticas, que de un modo tal, adornen su vida como docente. Es decir, la de mejorar su propio carácter y el de sus propios estudiantes.

Cotidianamente, requerimos que todo acto del profesional, incluyendo al maestro, estén sustentados en valores, principios y deberes que emanan de dos fuentes primarias, la social y las del propio individuo en las tomas de decisiones. En la sociedad derivan valores morales y en las personas las normas éticas. Por tanto, moral y ética, son conceptos entrelazados, que tienen diferencia, pero que van estructurados entre lo social y lo particular en cada persona.  

Desde una perspectiva no cristiana, el ejercicio de la profesión docente no es una vocación en sí, ya que esta se encuentra reservada para aquellas personas con interés de acreditarse un titulo y percibir un salario; Sin embargo, desde el punto de vista cristiano, la docencia es una vocación y sacerdocio, el cual se ejerce con amor y desprendimiento, sin importar lo poco o mucho que se gane. 

A partir del criterio humano, el maestro es un profesional como cualquier otro, y que se encuentra sujeto a las normas por las que se rige la sociedad; Pero ¿es esto cierto? El maestro es un ente transformador, visionario, emprendedor, optimista y cargado de muchos sueños, el cual describe día a día a sus alumnos en el salón de clases. El maestro, es como la vela que se consume a sí misma para darle luz a los demás. 

El trabajo del docente no es solamente el de percibir una remuneración salarial y mejorar su calidad de vida. El trabajo del docente se extiende desde la mejora de la calidad educativa, hasta la de formar ciudadanos críticos y comprometidos con las transformaciones sociales de su entorno. Esto quiere decir, que el maestro que realiza buenas prácticas pedagógicas es por demás un ciudadano ético, porque su acción genera cambio social.

En la actualidad, el maestro y la educación propiamente es vista como la aclaración, emisión y aportación de datos científicos, que se intercambian por medio de libros, revistas, artículos, etc., esto significa, que una educación así es sinónimo de evasión y huida a la formación critica de los ciudadanos, ya que una educación forjada en estos criterios no fomenta la valoración ética ni moral, sino más bien el almacenamiento de conocimientos.

El ejemplo actual, es que nuestros hijos van a la Escuela, como una forma de aprendizaje para ganarse la vida, que ellos sean el motor económico de mejora para la condición de vida de sus padres, pero olvidamos que ciertamente esos aprendizajes deben de ir acompañados de una regia formación moral y ética, inducida por el maestro, el cual es un forjador de conciencia.

De las profesiones, la docente es la mas comprometida, ya que se le exige al maestro tener competencias pedagógicas y didácticas, comunicación, objetividad, creatividad y un estricto apego a las normas; Es decir, ser un modelo ante la sociedad, a diferencia de otras profesiones que no son tan exigentes como la de docente. Pero ¿a que se debe esto? A su intimo vínculo con la comunidad, de la cual conoce sus necesidades, ya que estas son llevadas constantemente al aula.       

La etimología de la palabra ética se asocia a costumbres, a una ciencia, pero para nosotros, la ética no es más que una adhesión a valores de comportamiento humano frente a un grupo social, una forma de manejar esos valores ante la colectividad. Un desafío que envuelve la norma de la sociedad, de la cual estamos estrechamente unificados. A diferencia de la moral, la cual conduce a una visión espiritual de acercamiento a Dios. 

La ética esta adherida a la norma, mientras que la moral es una confesión entre Dios y los hombres. Ser ético significa profesionalidad acabada, poseedor de principios normativos exigidos por la propia profesión que ostentamos. Ser moral es la creación plena de como debemos guiar la sociedad y el rumbo que esta debe llevar. Aquí descansa la visión cosmopolita del maestro. En conclusión, el maestro debe fomentar en su práctica pedagógica el desarrollo hacia el esplendor de la ética y la moral.

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